


















































En el altiplano de Aralar, emprendemos un viaje a escala (1 km = 1 año luz) hacia nuestros vecinos galácticos más próximos.
Tras recorrer apenas 47 cm, dejamos atrás Neptuno y el cinturón de Kuiper, adentrándonos en un cementerio de mundos helados. A los 79 metros alcanzamos la nube de Oort, el límite gravitatorio más lejano del Sol. Al cruzar esta frontera, nuestra estrella se convierte en un punto brillante más de la constelación del Centauro y nos sumergimos en el silencio del vacío interestelar.
A 4,24 km del inicio surge Próxima Centauri, una enana roja que precede al gran espectáculo: Alfa Centauri A y B, dos soles magníficos en un vals eterno. Tras recorrer 40 billones de kilómetros reales, llegamos al destino para imaginar la vida en el exoplaneta Próxima b, bajo un cielo escoltado por tres soles.
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