






















































































El sauce llorón (Salix babilonica), y en general toda la familia de los sauces (Salix) se caracteriza por su preferencia hacia suelos húmedos. Probablemente, allá donde encontremos un sauce también hallemos agua.
El sauce es una planta muy versátil, razón por la que se ha utilizado con diversos fines a lo largo de la historia: elaboración de cuerdas, herramientas y utensilios de mimbre, usos ornamentales, medicinales, constructivos, musicales… Dada la facilidad con la que se reproduce a través de sus esquejes y los múltiples usos en la agricultura, los caseríos habitualmente tuvieron alguna plantación de sauce en sus alrededores.
En la pintura también ha cumplido un papel fundamental junto con el brezo, el olivo y el abedul, ya que a partir de su madera se ha fabricado el carboncillo, material con el que bocetar y dibujar cuadros y murales. El uso del carboncillo con fines artísticos se remonta a la prehistoria, tal y como lo vemos en las pinturas rupestres.
Destaca el papel que el sauce llorón (bid-e majnun en persa) ocupa en la simbología persa. La palabra bid deriva del indoeuropeo wei-t-, que significa girar, doblar, enrollar. Majnun es el prototipo de la persona que se ha vuelto loca de amor. También encontramos referencias al luto, al duelo y a la tristeza en otros idiomas tales como el alemán, cuyo trauerweide significa sauce del duelo.
El cuerpo de un sauce llorón se yergue y se inclina según crece. Cuanto más se alza sobre el nivel del suelo, más capaz es de alcanzarlo inclinándose hacia él, como si sus ramas, finas y flexibles como cuerdas, quisieran tocar el suelo otra vez, completando un círculo vital que lo unen con su origen.





