






















































































Vi un círculo de tierra seca en una vereda, donde antes hubo un árbol, (…) vi en el Aleph la tierra, y en la tierra otra vez el Aleph y en el Aleph la tierra, vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo.
J.L. Borges
80 kilos de carbón de sauce que encarnan una transformación del dibujo y de la imagen en materia. Aquello que comienza como representación se convierte en presencia física y tangible. A través de su peso, su volumen y su corporeidad, la obra se desplaza desde la representación hacia la presencia.

