


















































Apeiron / Piramon reúne esporografías, restos óseos de un caballo caspio encontrados en la península de Miankaleh, una esfera de carbón compuesta por 4.600 palillos de carboncillo triturados y proyecciones de imágenes de Coprinus comatus sobre polvo de cal. La exposición parte de una reflexión sobre la distancia entre representación y presencia, entre aquello que aparece como imagen y aquello que persiste como huella, resto o materia.
Las esporografías, realizadas con esporas de distintos hongos, producen efectos similares a la tinta sobre papel de lija y lienzo. Más que imágenes controladas, surgen de procesos de sedimentación y dispersión, donde la forma aparece como consecuencia de la relación entre organismos, tiempo y superficie. Del mismo modo, los huesos y las proyecciones sobre cal funcionan como vestigios de una presencia ausente, mientras que la esfera de carbón transforma la herramienta del dibujo en objeto, cuerpo y materia condensada.
Apeiron, palabra griega que significa “lo ilimitado” o “sin fin”, está compuesta por “a-” (sin) y “peirar” (fin, límite, frontera), y está relacionada etimológicamente con la palabra persa پیرامون piramon, que significa frontera, circunferencia o entorno. Fue utilizada por Anaximandro para nombrar el origen del universo: una fuente inagotable, sin principio ni final. La exposición retoma esta idea para articular una reflexión sobre el origen, la transformación y los límites de la forma, incorporando materiales vinculados al entorno inmediato de la artista tras su traslado al País Vasco en 2015.